15 Abril, 2026
Coca-Cola, la bebida refrescante más famosa del mundo, lleva décadas ampliando su catálogo bajo la promesa de mantener el sabor original sin azúcar. Desde la versión light en los ochenta hasta la Zero Sugar, la marca ha apostado por atraer a un público preocupado por las calorías. En los últimos años incluso ha lanzado ediciones como Coca-Cola Zero Sin Cafeína o Coca-Cola Creations, con sabores experimentales.
¿Son realmente sanas estas versiones? El doctor David Céspedes, experto en envejecimiento y longevidad, ha querido lanzar una advertencia sobre el consumo habitual de Coca-Cola Zero o Light, bebidas que, pese a presentarse como alternativas sin azúcar y sin calorías, pueden tener efectos negativos en nuestra salud a largo plazo.
En una de sus últimas publicaciones en las plataformas sociales, el experto explica que «el problema no son las calorías, sino lo que ocurre dentro del cuerpo cuando las tomas». Según el médico hay varios problemas: «primero, el ácido fosfórico, altera el equilibrio mineral de tu cuerpo. Para compensar, nuestro organismo tira de minerales como el calcio. Y si esto se repite en el tiempo, afecta a tu salud ósea. Segundo, los edulcorantes, no tienen calorías, pero sí que tienen efecto. Afecta a la microbiota y a cómo regulas tu apetito», explica.
«El problema es cuando se convierte en un hábito diario durante años»
«Engañas al cerebro con sabor dulce pero sin energía; la respuesta es más hambre, más ansiedad y peor regulación metabólica», apunta el divulgador, que ahonda en que «no te sacia y quieres más». Además hay un error común: «pensar que algo es bueno porque solamente no engorda, porque puedes no engordar, pero estar empeorando porque empeora cómo funciona tu cuerpo por dentro. Y eso hace que con el tiempo tengas peor respuesta metabólica, más inflamación y menos energía».
«Una lata no es el problema, el problema es cuando se convierte en un hábito diario durante años», insiste.
La ciencia, en parte, respalda estas preocupaciones. Estudios recientes publicados en revistas como Nature y Cell Metabolism han asociado el consumo elevado de edulcorantes artificiales (como el aspartamo o la sucralosa) con alteraciones en la microbiota intestinal, resistencia a la insulina y una posible asociación con mayor riesgo cardiometabólico.
Aunque las agencias de seguridad alimentaria, como la EFSA o la FDA, los consideran seguros en dosis bajas, recomiendan un consumo ocasional y dentro de una dieta equilibrada.