7 marzo, 2026

El abordaje del cáncer de pulmón más habitual, el no microcítico (CPNM), vive una nueva era gracias a 20 años de avances en biología molecular, que permiten identificar mutaciones y ofrecer tratamientos dirigidos que podrían aumentar la supervivencia

En noviembre de 2021, Ángeles Marín recibió a sus 54 años el mazazo: tenía un cáncer de pulmón en estadio IV con metástasis generalizadas “Pensé que me quedaban tan solo unos meses de vida”, recuerda ahora. Y así hubiera sido un par de décadas atrás. Aquel diagnóstico habría implicado un desenlace rápido y fatal. Lo que en aquel momento no sabía es que en los últimos años se había producido una revolución en el abordaje de esta patología: los avances en biología molecular habían permitido identificar distintas alteraciones genéticas y desarrollar fármacos dirigidos a ellas.

En su caso, el análisis molecular del tumor reveló la presencia de una mutación (la conocida como EGFRm) para la que había disponible un tratamiento específico, explica la también vicepresidenta de la Asociación Española de Afectados de Cáncer de Pulmón (AEACaP).

El de Marín no es un caso aislado. El gigantesco avance que ha experimentado la investigación en cáncer de pulmón, tanto en lo referente al diagnóstico como al tratamiento, está permitiendo que los pacientes tengan mayores opciones terapéuticas. Se trata de un éxito especialmente relevante en el CPNM, el más frecuente de todos los tumores pulmonares.

“Todo esto ha sido posible gracias a la irrupción de la biología molecular en el abordaje del cáncer”, explica el doctor Luis Paz-Ares, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid. “El conocimiento más profundo de las alteraciones genéticas que impulsan el desarrollo de los tumores ha permitido identificar subtipos específicos de cáncer de pulmón, abrir nuevas vías terapéuticas y diseñar tratamientos dirigidos mucho más precisos”.

En este camino, 2004 supuso un punto de inflexión. Aquel año, cinco grupos independientes de investigadores identificaron las mutaciones activadoras en el gen EGFR[gen receptor del factor de crecimiento epidérmico], “un hallazgo que marcó el inicio de la medicina de precisión en el cáncer de pulmón”, explica la doctora María Dolores Lozano, codirectora del Servicio de Anatomía Patológica en la Clínica Universidad de Navarra.

Su trabajo como patóloga consiste en diagnosticar, en poner nombre y apellidos a cada tumor para que el oncólogo lo pueda tratar con las opciones terapéuticas disponibles. “Antes nos limitábamos a ver las células al microscopio, pero ahora disponemos de técnicas que nos permiten descubrir alteraciones genéticas que tienen que ver con el desarrollo o evolución de algunos tumores. Son lo que llamamos biomarcadores moleculares, y nos van a dar pistas sobre el tumor y a ayudar a seleccionar el tratamiento más efectivo”.

La mutación KRAS es la más frecuente en el cáncer de pulmón no microcítico mientras que EGFRm afecta al 19% de los casos de este tipo de tumor. En cambio, otras mutaciones (ALK , BRAF, MET, HER-2) están presentes solo en un 3-5%.

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