18 marzo, 2026

14 Marzo, 2026

Llevar un estilo de vida activo es una de las herramientas más importantes para educar a nuestros hijos, ya que ellos aprenden más de que ven que de lo que escuchan. Integrar el movimiento como algo natural, divertido y valioso en el día a día les servirá, sin ninguna duda, para ser un adulto más saludable.

El movimiento no solo transforma el cuerpo: también deja una huella profunda y duradera en el cerebro, capaz incluso de transmitirse a las siguientes generaciones. Así lo explica en una entrevista, José Luis Trejo, neurobiólogo del Centro de Neurociencias Cajal del CSIC, que lleva más de dos décadas estudiando cómo el movimiento moldea nuestro cerebro y nuestra mente.

En su nuevo libro, Neuronas en marcha (Geoplaneta Ciencia), el científico recopila los últimos hallazgos sobre la llamada neurobiología del movimiento, desde los efectos del sedentarismo hasta los límites del exceso deportivo.

La actividad física actúa como un «superalimento para las neuronas» y viaja en los genes

«El ejercicio esculpe el cerebro porque cambia su arquitectura, su función y le otorga resistencia», indica el experto en la charla, en la que ahonda sobre que la actividad física actúa como un «superalimento para las neuronas». ¿Por qué? Favorece la salud de las células nerviosas, estimula la generación de nuevas neuronas en el hipocampo y crea lo que se conoce como una reserva cognitiva, un tipo de escudo mental frente al deterioro cognitivo, la demencia o las enfermedades neurodegenerativas.

Uno de los descubrimientos del equipo del investigador es que los beneficios cerebrales del ejercicio pueden heredarse de padres a hijos e incluso a los nietos, mediante mecanismos epigenéticos. Así pués, la actividad física no se contagia como un efecto ‘espejo’ sino que viaja de generación en generación en los genes. Una afición deportiva que no solo dejará huella sino también un legado saludable.

En estudios con animales, los hijos y nietos sedentarios cuyas madres o abuelas habían hecho ejercicio presentaban un mayor número de neuronas en el hipocampo y mejores capacidades cognitivas -aprendizaje y memoria- que los descendientes de individuos sedentarios. Este fenómeno se explica por la acción de microARNs, pequeñas moléculas que regulan la expresión génica y que pueden transmitirse a través de los óvulos o los espermatozoides.

«Se heredan los beneficios del ejercicio, pero también la falta de movimiento»

El experto recuerda que esta herencia no es eterna, y que los efectos positivos tienden a atenuarse en los nietos, especialmente cuando predomina el sedentarismo. «Del mismo modo que se heredan los beneficios del ejercicio, también se hereda la falta de movimiento», advierte. Movernos no solo puede moldear nuestro cerebro, sino también el de las generaciones futuras.

El ejercicio físico regular es fundamental para la salud, ya que fortalece el corazón, músculos y huesos, mejora la circulación y ayuda a controlar el peso. Reduce significativamente el riesgo de enfermedades crónicas (cardíacas, diabetes, hipertensión) y cáncer. Además, mejora el estado de ánimo, reduce la ansiedad, potencia la función cognitiva y mejora la calidad del sueño.

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